Gestionar la RSC no implica, necesariamente, ser socialmente responsable

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Gestionar la RSC no implica, necesariamente, ser socialmente responsable

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Una confusión habitual cuando se habla de sistemas de gestión de la RSC, como el que establece la norma SGE 21, es confundir una formalización de un sistema de gestión ético con ser una organización socialmente responsable.

La proliferación de acreditaciones, distinciones, premios y ránkings de todo tipo vinculados con la RSC ha generado una propensión a confundir términos. De hecho, afirmar que una organización es socialmente responsable es, cuando menos, engañoso y peligroso. Cuando quienes nos dedicamos a esto ponemos ejemplos de buenas prácticas en RSC en los cursos y conferencias, corremos el riesgo de que siempre aparezca alguien que afirme conocer una mala práctica vinculada con la organización en cuestión. Y es así porqué siempre pueden convivir buenas y malas prácticas en una determinada organización.

Uno de los mayores miedos que tienen los organismos públicos al establecer un premio o distinción en RSC es precisamente que en algún momento futuro pueda aparecer una mala práctica que lo ‘desvirtúe’.

Ello no implica que no debamos premiar las buenas prácticas o señalar las malas, al contrario, es un elemento motivante y que ayuda a la mejora continua. Pero es necesario que cuando se hace se tenga presente que la parte no equivale al todo. Del mismo modo que destacar una buena práctica no hace una organización socialmente responsable, tampoco señalar una mala práctica la hace socialmente irresponsable.

Así pues, formalizar un sistema de gestión ético y socialmente responsable es una parte del todo pero no el todo en si mismo. Implica un compromiso de la organización por la mejora continua, es un camino hacia la excelencia y no la excelencia en si misma. Entonces la respuesta a preguntas como si puede una empresa tabaquera o armamentística tener el sello SGE 21 tienen respuesta obvia: sí, pues no se discute sobre naturalezas sino formas de actuar.

No hablemos pues en términos absolutos de organizaciones socialmente responsables, del todo, y centrémonos en las partes, en voluntades de mejoramiento continuo hacia la excelencia y en buenas prácticas.

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