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Manifiesto de Vilanova i la Geltrú por unos Territorios Socialmente Responsables

Reunidos en la Biblioteca-Museu Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú el 8 de junio del año 2017, 100 organizaciones muy diversas y todas ellas comprometidas con el territorio y con el desarrollo sostenible manifiestan:  

  • Los retos de nuestra época son complejos. Sólo haremos frente a ellos con la implicación de todas las partes: la responsabilidad es compartida entre organizaciones públicas, privadas y sociales y debemos articular un sentido corporativo de compromiso para con el territorio.
  • Cada organización es corresponsable de su entorno social, ambiental, económico y emocional, y está llamada a crear a la vez valor económico y valor social. Ejercer la responsabilidad ante la sociedad requiere dialogar con el entorno, tomar conciencia del propio contexto de sostenibilidad, y convertirse en una organización positiva con personas positivas.
  • Cada persona es clave para el desarrollo de la responsabilidad social en todos sus diversos roles: como consumidora, trabajadora, directiva, inversora, ciudadana… Un TSR requiere personas libres, apoderadas y conscientes, que premien a las organizaciones más comprometidas.
  • Cada territorio debe hacer crecer en él los valores de la responsabilidad social, la ética, la sostenibilidad, la transparencia, la igualdad… y fomentar los comportamientos corporativos que permitan una mejor calidad de vida, respetuosa con las personas y el planeta y garantizando la paz y la prosperidad.

Entendemos el Territorio Socialmente Responsable (TSR) como un ecosistema de valores éticos, compromisos responsables y actitudes sostenibles localizados en un territorio a partir de la suma, interacción y corresponsabilización de las organizaciones y de las personas, que permiten abordar en ella los retos de sostenibilidad con soluciones que crean valor compartido. Las empresas y organizaciones somos parte de la sociedad. Decidimos ser parte de la solución. Queremos contribuir al bien común. Asumimos para nuestra generación los retos que la sociedad nos brinda.

  • Sentimos la necesidad de evolucionar hacia una cultura organizacional avanzada, armónica con las inquietudes de la sociedad, tanto desde la lógica sectorial como desde la lógica territorial.
  • Optamos por una competitividad regional responsable, a partir de una cultura abierta, acogedora y emprendedora, que capta talento y que sitúa a las personas en el centro de la actividad corporativa.
  • Creemos en un territorio que ama y promueve su patrimonio natural y cultural, y que es apreciado y reconocido por sus valores emprendedores y solidarios, por hacer compatible el desarrollo económico y la cohesión social, por su calidad democrática y modelos avanzados de gobernanza.
  • Promovemos las alianzas multilaterales y los espacios para la colaboración, donde poder innovar socialmente y generar consensos para abordar los retos de territorio, aprendiendo a desarrollar las capacidades de las organizaciones de crear valor compartido.
  • Apoyamos los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas, y nos comprometemos a desplegarlos localmente, captando y exportando las mejores prácticas, colaborando con los retos de la humanidad y contribuyendo a lograr una mayor sostenibilidad global.
  • Emplazamos a cada territorio a definir su propio modelo de responsabilidad social incorporando el modelo de sociedad al que aspira y consensuando los focos prioritarios donde las organizaciones pueden sumar su corresponsabilidad social.
  • Apelamos a todas las organizaciones de todos los sectores y dimensiones, empresas y gobiernos, organismos empresariales y agentes sociales, mundo educativo y académico, organizaciones ciudadanas y medios de comunicación, y la sociedad civil y la ciudadanía en general a integrar la responsabilidad social en su gestión en todos los ámbitos de impacto: económico, social, laboral, ambiental y buen gobierno, y promoverla de manera determinante en su esfera de influencia.

Empresas, instituciones y organizaciones de todas dimensiones, privadas, públicas o sociales, manifestamos el compromiso de contribuir a hacer de Cataluña un país socialmente responsable, con comarcas, pueblos, ciudades y barrios socialmente responsables, donde cada día sean más las organizaciones comprometidas y donde hagamos emerger los valores de un nuevo paradigma basado en la responsabilidad y la transparencia, la ética y la sostenibilidad.

Este Manifiesto está abierto a adhesiones de personas y organizaciones que quieran adherirse. Se pueden adherir rellenando este formulario.

Se ha elaborado en el marco del Seminario de Territorios Socialmente Responsables TSR+10 convocado por Respon.cat, iniciativa empresarial para el desarrollo de la responsabilidad social en Catalunya.

Acceso al Manifiesto en PDF.

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Cien empresas y organizaciones se comprometen en hacer de Catalunya un país socialmente responsable

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  • Durante todo un día, cien personas se han reunido en un evento singular en el Museo Víctor Balaguer de Vilanova y la Geltrú con la voluntad de relanzar la responsabilidad de empresas y organizaciones y proyectarla a los territorios.
  • Grandes empresas, microempresas, ONGs o universidades, entre otros han apostado por construir en positivo y usar su propia responsabilidad social para contribuir a hacer una sociedad mejor.

5 empresas pequeñas, 5 empresas medianas, 5 empresas grandes, 5 entidades sociales, 5 organismos culturales, 5 universidades, 5 organismos del gobierno … y así hasta cien personas de veinte tipologías diferentes congregaron el pasado jueves 8 de junio en la Biblioteca Museo Víctor Balaguer de Vilanova y la Geltrú para lanzar ideas y propuestas para hacer unos barrios, pueblos y ciudades más responsables, lo que incluye no sólo temas ambientales sino sociales, laborales, económicos o éticos.

Después de años en que algunas organizaciones se han estado esforzando en desarrollar su responsabilidad social, ahora se da un paso adelante y se pretende que estos compromisos corporativos también ayuden a abordar los retos del territorio. En el seminario se ha pidió contribuir a pueblos, barrios y comarcas responsables y en el Manifiesto que se aprobó también se comprometieron a trabajar para hacer de Catalunya un país socialmente responsable.

 

Fue un encuentro muy singular que quiere marcar un punto de arranque, organizada por Respon.cat, una iniciativa empresarial nacida hace tres años por ser el organismo de referencia en responsabilidad social en Cataluña.

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Hacer una memoria de sostenibilidad no puede ser un trabajo artesanal sino premeditado e inteligente

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Como suele ocurrir con los sistemas de gestión, las memorias de sostenibilidad que las empresas han tenido que entregar hace unas semanas suponen un esfuerzo enorme de recopilación de datos, buenas prácticas, objetivos y resultados una vez al año. Lo tenemos muy internalizado e incluso normalizado, pero lo cierto es que, si ponemos por ejemplo las memorias que siguen Global Reporting Initiative (GRI), lo que asumimos que es una foto finish debería ser una imagen más dinámica de las organizaciones.

Los indicadores GRI, y los que pueda definir propios la organización, deberían formar parte del (o de un) cuadro de mando integral (CMI), de modo que en cualquier momento la persona responsable de la excelencia pueda tener una visión en tiempo real de cómo evoluciona como si de un audiovisual se tratara, y no tenga que esperar a la sorpresa de una extensa y profunda investigación anual.

A la habitual dificultad de encontrar la información, se añade la poca voluntad o poco interés de las personas de las diferentes áreas en preparar la información y entregarla a quien coordine la realización de la memoria anual (ya sea un/a CSO, un departamento o personal técnico transversal).

Esto no debería ser así. La primera memoria de sostenibilidad debería incluir la implementación de un sistema de indicadores en tiempo real, más fácil aún cuando en muchas organizaciones ya hace tiempo que se implantaron sistemas informáticos de gestión (ERP o similares). La información de muchos indicadores (en especial los cuantitativos, eso sí) se convierte no en una cuestión de pedir sino de sistematizar, ya sea a través de minería de datos (datamining) o incluir en los procesos de gestión y trabajo la introducción de la información necesaria cuando se produce, no cuando se recopila.

La elaboración pues de la memoria de sostenibilidad no puede ser un trabajo artesanal, sino uno semiautomatizado que después interpretamos, explicamos y redactamos de forma clara para todos los grupos de interés, es decir, convertimos datos e información en inteligencia. Pero en cualquier momento del año deberíamos tener la capacidad de obtener su evolución.

En resumen pues, hemos sugerido que:

  1. La elaboración de la memoria de sostenibilidad no puede ser un trabajo artesanal ni manual.
  2. Los indicadores, como mínimo los cuantitativos, deben estar disponibles en tiempo real a través del sistema de gestión de la organización (inteligencia empresarial o business intelligence).
  3. El sistema de gestión hacia la excelencia, antes que nada, debe existir, y en segundo lugar de tener la capacidad de proporcionar inteligencia y facilitar los procesos y la toma de decisiones, con las herramientas tecnológicas de hoy en día esto es o debería ser un trabajo casi pueril: depende más de voluntad de la alta dirección y del empoderamiento de las personas responsables (gestión de permisos, herramientas de gestión documental en red, etc.) más que de capacidades, ni siquiera económicas.

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Forética, Ètia y Servimedia organizan un debate sobre la norma ISO 26000, con la intervención de la experta Perla Puterman

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Fuente: Corresponsables.com

Tras la aprobación de la guía ISO 26000 el pasado 12 de septiembre, Forética organizó el pasado viernes 1 de octubre en la sede de Servimedia y con la colaboración de Ètia una sesión informativa sobre esta temática, que contó con la intervención especial de la experta internacional Perla Puterman, miembro de la Red Ètia, y una de las voces que ha participado en el proceso de elaboración de la ISO 26000 en representación de los países en desarrollo.

Además de la charla magistral de la fundadora y moderadora del Foro Iberoamericano de Responsabilidad Social, Forética reunió en esta sesión a representantes de medios de comunicación, entre ellos MediaResponsable, empresas, la patronal CEOE y tercer sector, en una mesa redonda con el propósito de recoger los diversos puntos de vista y solventar las principales dudas que antes de su publicación ha despertado la aprobación de esta norma.

Puterman realizó un recorrido por la evolución de las reuniones para la elaboración de la ISO 26000, un proceso que se ha desarrollado a lo largo de cinco años y ha contado con 450 expertos de 99 países y 42 organizaciones internacionales, con la representación de consumidores, gobierno, industria, ONG y personas trabajadoras.

La experta destacó que, aunque se denomine “guía”, se trata de una norma internacional con la característica de que no es certificable, pues “estamos hablando de lo que las organizaciones “deberían” hacer y “no qué deben hacer”.

Según Puterman, la ISO 26000 servirá para tener una comprensión más clara y una perspectiva común de lo que tiene que ver con esta nueva forma de gestión. Además, tiene que servir como oportunidad para las organizaciones para lograr una ventaja competitiva, sostenible mediante la integración de los principios de sostenibilidad y la responsabilidad social en su visión y estrategia.

Ante la posibilidad de atomización y adecuación de la guía a los distintos ámbitos normativos nacionales, representantes de algunas multinacionales presentes en el encuentro manifestaron su preocupación por el incremento de requerimientos que esto supondrá.

En opinión de Perla, “cada país está en su derecho de crear sus propias normas, y adaptar la ISO 26000 a las realidades del país. Por otra parte, nadie puede evitar, ni la misma organización ISO, que proliferen las certificaciones de Sistemas de Gestión de Responsabilidad Social, ya que éstas representan un negocio”.

Sin embargo, la experta considera que “hay que tener muy claro que estas certificaciones no están vinculadas con la ISO 26000 y son aplicables sólo a un sistema de gestión”.”De lo contrario”, advirtió, “esto podría conllevar a riesgos que podrían atentar contra la verdadera esencia de la responsabilidad social, ya que ésta es tan amplia y abarca  tantos aspectos que, aunque una empresa pueda satisfacer alguna de las partes interesadas, puede no satisfacer las expectativas de otros”.

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Curso combinado SGE 21 e ISO 26000

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I+RSC: a la búsqueda del vínculo entre innovación y RSC

La intuición siempre me ha dicho que la innovación es el principal beneficio de apostarle a la RSC. Lo cierto es que existe una cierta correspondencia entre ambos factores, que se retroalimentan de facto. La reflexión no debe ceñirse al concepto de innovación responsable, que podemos encontrar por ejemplo en la norma SGE 21, que requiere que “La organización debe proporcionar productos y servicios responsables y competitivos, para lo cual establecerá un compromiso continuo con la Investigación, el Desarrollo y la Innovación (I+D+i), incluyendo en la elaboración del producto o el diseño del servicio criterios éticos, laborales, sociales y ambientales.”

Ello implica que la RSC alimenta la I+D+i, pero no es menos cierto que también la pura innovación acaba generando unas actitudes, corporativas pero también personales, en el seno de las organizaciones que hace que sean esas las que más le apuesten a la RSC.

Pero este punto ha sido poco estudiado, y normalmente cuando se busca tarificar la RSC en términos cuantitativos se apunta mayormente a retorno de la inversión, mejora de la productividad, aumento de la satisfacción de los grupos de interés, progresión de la imagen de marca, etc.

Que la innovación es un factor de competitividad clave en una economía global es de perogrullo, pero que a ésta podemos llegar promoviendo programas de RSC o que la I+D+i acaba llevándonos a una mayor implicación genética con la RSC, es un tema interesante objeto de estudio.

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Gestionar la RSC no implica, necesariamente, ser socialmente responsable

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Una confusión habitual cuando se habla de sistemas de gestión de la RSC, como el que establece la norma SGE 21, es confundir una formalización de un sistema de gestión ético con ser una organización socialmente responsable.

La proliferación de acreditaciones, distinciones, premios y ránkings de todo tipo vinculados con la RSC ha generado una propensión a confundir términos. De hecho, afirmar que una organización es socialmente responsable es, cuando menos, engañoso y peligroso. Cuando quienes nos dedicamos a esto ponemos ejemplos de buenas prácticas en RSC en los cursos y conferencias, corremos el riesgo de que siempre aparezca alguien que afirme conocer una mala práctica vinculada con la organización en cuestión. Y es así porqué siempre pueden convivir buenas y malas prácticas en una determinada organización.

Uno de los mayores miedos que tienen los organismos públicos al establecer un premio o distinción en RSC es precisamente que en algún momento futuro pueda aparecer una mala práctica que lo ‘desvirtúe’.

Ello no implica que no debamos premiar las buenas prácticas o señalar las malas, al contrario, es un elemento motivante y que ayuda a la mejora continua. Pero es necesario que cuando se hace se tenga presente que la parte no equivale al todo. Del mismo modo que destacar una buena práctica no hace una organización socialmente responsable, tampoco señalar una mala práctica la hace socialmente irresponsable.

Así pues, formalizar un sistema de gestión ético y socialmente responsable es una parte del todo pero no el todo en si mismo. Implica un compromiso de la organización por la mejora continua, es un camino hacia la excelencia y no la excelencia en si misma. Entonces la respuesta a preguntas como si puede una empresa tabaquera o armamentística tener el sello SGE 21 tienen respuesta obvia: sí, pues no se discute sobre naturalezas sino formas de actuar.

No hablemos pues en términos absolutos de organizaciones socialmente responsables, del todo, y centrémonos en las partes, en voluntades de mejoramiento continuo hacia la excelencia y en buenas prácticas.

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Entrevista a F. Xavier Agulló en Corresponsables: “La verificación, auditoría y certificación en RSC”

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En el número 4 de la revista Corresponsables, editada por Media Responsable, aparece un especial sobre verificación, auditoría y certificación en RSC, en el que se entrevistan a distintos expertos españoles, entre ellos el socio director de Ètia, F. Xavier Agulló. A continuación publicamos la entrevista entera.

 

CORRESPONSABLES: ¿Cuáles son, en su opinión, los aspectos más importantes que se deben tener en cuenta a la hora de realizar un reportaje sobre verificación, auditoría y certificación en responsabilidad social?
F. XAVIER AGULLÓ: Centrarse en normas realmente certificables, pues la dispersión y atomización de iniciativas de manuales de buenas prácticas y sistemas de gestión es tal que sería imposible un trabajo exhaustivo. En segundo lugar creo que son tres los aspectos que estructuran la temática: la certificación parcial en distintos ámbitos de la RSE, la certificación global y la certificación en los flujos de información y transparencia.

C: ¿Cuáles son los actuales sistemas existentes de verificación, auditoría y certificación en Responsabilidad Social y cuál es su opinión de cada uno de ellos?
XA: Los sistemas que conforman la triple certificación (calidad, medio ambiente y salud y seguridad) son sin duda los que por ser conocidos despiertan también una mayor confianza. Todos ellos creo que deben ser la referencia en cualquier otro ámbito.

Ahora bien, bajo mi punto de vista en el ámbito laboral no existe ningún sistema realmente útil desde un punto de vista global y desde un punto de vista occidental. Es decir, SA8000 no deja de ser una certificación bienintencionada pero que carece de todo tipo de sentido en los países occidentales por sobrepasar en todos ellos la legislación a sus parámetros de valoración. El resto de certificaciones son parciales, y no cubren todos los ámbitos, aunque sean ciertamente buenos sistemas de verificación, como EFR-Empresa Familiarmente Responsable en el ámbito de la conciliación empresa-persona. Finalmente, los sistemas sectoriales de verificación (como el WRAP en el textil o los sellos de turismo sostenible) acostumbran a estar también enfocados a países en vías de desarrollo y en cualquier caso son sectoriales, por lo que siempre va a ser difícil que el consumo los reconozca, aunque aporten ventajas en la cadena de custodia al ser valorados por clientela corporativa (ejemplo de las maquilas en Centroamérica y sus empresas clientes estadounidenses).

Es por todo ello que veo sólo tres auténticos concurrentes en lo que sería el establecimiento de sistemas de gestión globales en RSE: GRI con verificación externa, AA1000AS y SGE 21. Las dos primeras siempre han tenido el problema, que sólo GRI intenta solucionar parcialmente, de estar muy alejadas de las necesidades y capacidades de las PYME. AA1000AS, centrado en cómo la empresa se relaciona con todos sus grupos de interés, no supera el centenar de empresas certificadas en el mundo, lo cuál dice muy poco a favor de la difusión del sistema. Por lo que respete a GRI, sigue siendo demasiado complejo para una PYME, y de hecho se ha asociado muy poco a certificación, y veo a su vez difícil que pueda realmente llegar a ser apreciado por el consumo y otros grupos de interés, pues no deja de ser compleja su comprensión, al tener que ir acompañada de hecho de certificaciones externas del contenido además de validarse la adecuación de la estructura a la directrices de GRI.

Así las cosas, nos queda SGE 21, un sistema de gestión certificable de la RSE global, occidental y no occidental, con una fórmula clara de certificación, con un acercamiento claro a la metodología de la triple certificación (ISO 9000+ISO14001+OHSAS 18001), y desde mi punto de vista clara candidata a ocupar el sitio de honor en una hipotética llamada cuádruple certificación (ISO 9000+ISO14001+OSHAS 18001+SGE21). Aunque peca de poco profundo y tiene ámbitos de claras lagunas, como son la conciliación o la acción social, es un sistema flexible que permite integrarse con cualquier otra certificación parcial en calidad, medio ambiente, salud y seguridad, conciliación, igualdad, etc.

De todas formas adolece también de grandes problemas: su implantación es local, aunque la reciente apertura del capítulo de Argentina permitirá un inicio en su proceso de internacionalización. Su conocimiento entre el consumo y, especialmente, en el mundo empresarial es muy bajo, todavía hoy asisto a conferencias donde ni tan sólo se menciona. Pero es, sin duda, un gran norma certificable que debe ser promovida con mucho más ahínco y apoyo institucional, casi nulo hasta ahora.

Veo un escenario futuro muy claro: sistema de gestión de la RSE + sistema de certificación de la transparencia. Por un lado un sistema de gestión basado en una norma certificable, que podría ser SGE21 o una ISO 26000 refundada y certificable, que acogerán e integrarán las certificaciones parciales en calidad, medio ambiente, salud y seguridad o recursos humanos, y por otro lado un sistema de verificación y certificación de la transparencia (sin duda va a ser GRI), que puede o no incluir sistemas de gestión de la relación actuales como AA1000.

C: ¿En qué áreas y materias se está centrando más la certificación y cuáles están quedando más apartadas? (medio ambiente, accesibilidad, calidad, recursos humanos…).

XA: Ciertamente hay ámbitos mucho más centrales en la certificación de las materias de la RSE, quizás porque desde hace años se implantaron, como son la calidad, el medio ambiente y la salud y seguridad en el trabajo, lo que se viene a llamar la triple certificación. Por negación, todo el resto de ámbitos están poco o nada desarrollados, aunque existan sistemas de gestión y certificación. Por un lado el ámbito de recursos humanos existe una enorme dispersión de iniciativas todas ellas de poca o reciente implantación. En segundo lugar, la gobernanza (SGE21, GRI, AA1000, etc.) está siendo objeto también importante de desarrollo, pero todavía es incipiente. Y en tercer lugar, para poner dos ejemplos de ámbitos para nada desarrollados o muy poco, la acción social y la cadena de custodia no son objetivo prioritario de las normas certificables, seguramente por la dificultad que entrañan y lo que obligan no sólo a la empresa auditada sino también a terceras partes.

C: ¿Qué otras deficiencias o puntos a mejorar (en caso de haberlos) detecta en los procesos de auditoria, certificación y verificación en España y cómo se pueden ir subsanando?

XA: En normas internacionales tipo ISO-CEI no creo que haya nada a mejorar, son sistemas muy claros y efectivos. Es en todo caso en las normas nacionales tipo UNE o las normas de empresa tipo SGE21, SA8000 o AA1000 donde hay mayor margen de trabajo. No dejan de ser estándares sujetos a un nivel importante de subjetividad por parte de la certificadora responsable, por lo que es posible todavía trabajar en reducir tales niveles de incertidumbre. A su vez, el punto a mejorar es claramente el apoyo institucional, no hay interés en España (diría que ni en Europa) en apoyar normas realmente globales.

C: ¿Cuál es su opinión sobre el GRI 3 y qué puede aportar a todo este debate?

XA: GRI de hecho puede aportar algo muy importante: hacer creíble ante los grupos de interés un sistema de gestión certificado en RSE. Es el vehículo para la transparencia informativa, pero para ello es necesario que simplifique su multitud de opciones, acaso obligando un poco más a quiénes quieran realmente adoptar su modelo.

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